Archivo | julio, 2013

Capitulo 0. Piel.

26 Jul

Sawney observaba su mano.

La sangre goteaba de sus dedos.

Una fina capa piel negruzca sobresalía de las uñas.

El cuchillo hendido en el estomago ya comenzaba a salir de la herida abierta, desgarrando la carne rosada, supurando fluido.

Podía oírlo separarse de las entrañas.

El, sonriendo, la miraba. No era una mirada especialmente locuaz ni expresiva.

Unos grandes ojos grises observaban como la vida desaparecía de la sala.

Sin parpadear.

Sin sentir.

Ella le devolvía la mirada.

Una mirada vidriosa y húmeda.

Sawney suspiro, lamió sus labios resecos y saboreo las gotas de sangre esparcidas por su cara.

Miro al techo, únicamente decorado con la putrefacción de la humedad y una lampara rota que emitía una luz intermitente.

Trago saliva.

Casi podía oír los gritos, como polillas por su cerebro.

Lagrimas, ruegos y disculpas, esa desesperación.

La tos seca que expulso cuando el cuchillo de sierra se clavaba en su estomago.

Podía sentirlo bajando por su traquea.

Quemando su alma.

Puro placer.

Las notas de ese sabor bailaban y cantaban mientras clavaban las uñas en su paladar.

Cerro los ojos.

Fuerte. Como si los parpados fueran arrancarse por la gravedad del aire.

Agujas de odio empezaron a clavarse lentamente en su iris.

Perforaban sus pensamientos.

Dolor.

Abrió los ojos.

La mirada nacida en ese momento, no era la que había visto los colores del pecho de una adolescente por dentro

Era inocente.

Casi como la de un niño perdido del abrigo de su madre.

Los ojos llorosos miraron sus manos.

Miraron la piel.

Miraron la sangre.

Y grito.

Sawney grito al mundo,a la zorra de la causalidad y el destino.

A su pasado y al cuerpo desnudo y pálido tendido frente a el.

La miro, aun con el amor que recorría sus venas.

-Esto es el dolor puta. No estoy loco maldita zorra. No estoy loco.

Un relámpago de recuerdos de ella ilumino la sala.

Su rostro.

Su sonrisa.

El sabor.

El puño de la realidad golpeo su mejilla, cortándola, rompiéndole el cráneo de dentro afuera y volviéndolo a formar quiste a quiste por pura presión de camino al frió mármol donde cayo.

Sentado, de rodillas, miro sus manos por ultima vez antes de taparse la cara con ellas.

Las lagrimas saladas caían por sus mejillas entre espasmos y gemidos.

La volvió a mirar. Como si fuera un fotograma de una pesadilla de la que acababa de despertar.

– Yo te quería…

The_Kiss_by_blood_pleasures